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miércoles, 6 de noviembre de 2013

DIBUJANDO AL AMOR


Adriana Molina
Dibujando la vida

Una tarde, o mañana, quizá era media noche, la verdad es que he perdido la noción del tiempo, llevo muchos días escribiendo, diseñando… lo cual detesto, esa sensación en el pecho ahogándome y apretándome… insatisfacción patológica por lo que diseño, cada día menos soleado, cada tarde más larga, cada noche más fría, así son mis días, mis meses, años, asomándome a la ventana de vez en vez, fijando la vista en el horizonte cuando camino por las calles de esta extraña ciudad, pero nunca estaba lo que buscaba,  salía a la calle y me volvía pronto a casa, a ver si había anotado en algún papelito.. ¿Qué buscaba? ¿Qué esperaba o a quien? Cada vez pensando mas y sintiendo menos, amordazando los sentidos… mejor salían mis columnas de economía, directamente proporcional a mi incapacidad de abordar mis pasiones y mis sentimientos, los del mundo… Pero esa tarde, particularmente esa tarde todo cambió, así, súbitamente, como mis ideas inesperadas, al menos eso creo, quizá se llame supervivencia y no me he dado cuenta o quizá soy la poseedora de algún extraño poder que da aliento de vida a todos esos personajes que nacieron un día en mi mente pero que al final se convirtieron en gente de carne y hueso, si ese es el caso, debo confesar que mis dotes están algo fallidos, pues al principio se parecen mucho a mi diseño pero al final resultan seres redondos y mis figuras son planas, solo tienen el lado bonito que dibujo yo.   Y ahí estaba, alto, no me detuve en su cuerpo esbelto, sus manos me distrajeron, su barba entre cana y tupida, apenas pintaba, sus ojos obscuros y profundos con una gentileza y una dulzura difícil de comprender cuando batallaban con una sensualidad que intimidaba, yo tenía que ser clara, seria, integra, estoica, 
El Tintero de la Vida
Bocetos de la Vida
El solo busca mis servicios de consultoría, maduro y seguro, enorme a mi lado pese a que tuve la buena idea de usar mis tacones más altos, confieso que mis ojos se delatan fácilmente, cuando veo a un espécimen similar, mis manos, mi cabello, mi cadera,  gritan histéricos como si tuvieran vida propia, pero esta vez con  la larga racha de complicaciones económicas no me podía dar el lujo de arriesgarme, muchas puertas he tocado para reivindicar mi camino, mucho he llorado, mucho he buscado, hasta el punto de olvidar que buscaba y por que lloraba; lo he atendido como corresponde, dejando a la mujer amarrada con grilletes, guardada en el último rincón de mi cuerpo y sacando a la altiva y profesional asesora, ¿El? Me confunde, pero aparece impecable, culto, tranquilo, seguro, pisa fuerte, sus zapatos se notan ligeramente desgastados al talón, recorrimos mi carretera favorita, llegamos a los viñedos, a sus viñedos, estupendos, verdes, enormes, hablamos mucho durante las más de dos horas de carretera, para entonces la mujer se me salía por leves instantes de su mazmorra, picara y sensual, pero apenas me daba cuenta y de una oreja la metía de nuevo a su cuarto obscuro, este hombre tiene un concepto de lo que desea construir en aquel lugar, bastante ambicioso, me dice que tiene algo similar en Napa California, sabia que tenia que concentrarme en su negocio; llegamos a una cabaña en donde tiene un improvisado estudio, yo tenía que continuar inquebrantable ¿como se respeta el agua fresca cuando se tiene tanta sed? ¿Por qué carajos vivo en un mundo tan prejucioso pensaba yo? Por instantes incapaz de concentrarme en sus explicaciones enológicas, al final lo único que quería era atragantarme una botella entera de un merlot, nebiolo o alcohol de caña y calmar esa ansiedad que me perturbaba cada vez más.   De pronto me pregunta si fumo, lo había dejado por fin hacia un mes, mientras me pregunta cruza una pierna descansándola en la otra, se acomoda con la espalda relajada y gran desplante y  una sonrisa pìcara que me pareció que advertía mi cara de loca, mis ojos desorbitados, mi respiración agitada, me sentí desnuda… Si fumo respondí, estiro esas hermosas manos para ofrecerme un cigarrillo y lo encendió;  horror, me lo fume tan rápido que me mareo, me dieron nauseas, el baño! Siempre salva, justo cuando mis manos ya eran húmedas, y mi cuello y mi vientre y… con la última gota de serenidad me dispuse a caminar al sanitario, al serrar la puerta respire profundo, lave mis manos, humedecí mi nuca y la seque, acomode el maquillaje y me mire al espejo, perdí mi mirada en mis propios ojos, con esa mujer amordazada apareciendo desde dentro y la madre, hija, amiga, empresaria en yuxtaposición ¿que estoy haciendo? Con una tristeza profunda comprendí que todo eso era una gran estupidez, impropio, absurdo, que seguramente ese hombre se estaba divirtiendo a mis costillas, que no hay vuelta atrás, ya lo hice mal dos veces, ¿porque la vida me daría una tercera oportunidad? ¿Por que se fijaría en mi? seguramente solo advierte mi nerviosismo pero no esta pasión que reservo, estas ganas de amar intensamente, de ser lo primero y único en la veda de un ser especial, reposar cada noche en el pecho de un buen hombre que esté dispuesto a cuidarme, a acompañarme, a soportar mis lloriqueos por una película cursi o por un cambio hormonal, alguien que me acaricie el cabello susurrando en mi oído: Tranquila, yo lo resolveré,  quien me acompañe a pasear al perro, a tomar el café en la mañana, al lado del ventanal soleado… Sonó la puerta, ¿estás bien? Pregunto, Dije si, sintiendo como si de un golpe me azotaran al piso, solo dame un instante y salgo, el me dijo, no te preocupes, yo me quedaré aquí para cuidarte… abrí la puerta, lo mire, con los ojos incrédulos sonreí, di un paso firme y dije… a trabajar señor, disculpe la demora. Me tomo del brazo, me hizo girar y me abrazo fuerte,  ¿Nunca te dejas cuidar?  Me cuido sola, muchas gracias. Se rio y me dio el más largo y dulce beso de mi vida.    Aun no veo la luz del día y falta mucho para la vendimia, pero nunca me ha fallado, siempre invento a los protagonistas de mi diario o ellos a mí, de cualquier forma, están escritos y escucho tus pasos cerca